VAGABUNDOS POR BILBAO

HISTORIAS
A continuación encontraras 3 historias de 3 personas completamente diferentes. Pero las tres tienen algo en común, han vivido en la calle. Tras realizarles una entrevista hemos conseguido hacer un resumen de sus vidas desde que el destino los echó a la calle. He aquí sus historias.
“CUMPLÍ 49 AÑOS Y COMO SI FUERAN LAS FIESTAS DE BILBAO”
José Manuel es un ex –camionero burgalés de 49 años que debido a un accidente tuvo que ser prejubilado. A pesar de cobrar una gran pensión estuvo viviendo en la calle por no saber gestionar bien su dinero y tener problemas con el alcohol y las mujeres. A raíz de su divorcio y su situación después del accidente, Manuel sufre graves depresiones y problemas psicológicos. Además tiene dos hijos, un mayor de 21 años y un menor de 14. Manuel no solo ha vivido en la calle, también ha frecuentado albergues, entre ellos, Lagun Artean, donde le hemos realizado esta entrevista. Fue expulsado de este albergue el día que cumplía 49 años. “cumplí 49 años y como si fueran las fiestas de Bilbao”. Esa misma mañana fue al cajero y sacó una considerable cantidad de dinero, digna de un gran festín. Como él dijo “fui a tomar unas cervezas y me lie”. Terminó a las puertas del funicular de Artxanda más muerto que vivo, después de recibir una paliza de la cual ni se acuerda. Nosotros mismos pudimos comprobar, semanas después del suceso, como le habían dejado la cara. El centro le proporciona diversas pastillas antidepresivas y le facilita desplazamiento al hospital debido a su dificultad de movilidad, provocada por su rotura de cadera. Para Manuel un albergue no es solo un hogar, también es una forma de vivir más tranquilo y controlado, lejos de las tentaciones de la noche. “No cojo un piso en alquiler porque la lio parda”.
Iñaki tiene 50 años y casi toda su vida la ha pasado en la calle. Nacido en Donostia con tan solo 17 años tuvo que dejar su casa por conflictos familiares provocados por sus excesos con la droga. “Éramos seis hermanos. De esos seis, cuatro éramos yonkis “. Él dice que siempre ha preferido buscarse la vida solo, ya que de esa forma nunca hay jaleos. Cuando le preguntamos acerca de su familia, nos dijo que por aquel entonces les daba prácticamente igual el hecho de que se fuera de casa, ya que las movidas que tenían superaron un límite en el que prefirieron desentenderse de él. Cuando estaba en la calle solía pedir dinero para comer y dormía en cajeros y debajo de los puentes. “En la calle me he llegado a encontrar un muerto, era un hombre mayor que dormía debajo del mismo puente en el que yo solía dormir, mi vecino”. Según Iñaki, los educadores de aquella época no les informaban y no existían los servicios que hay ahora .Por eso hasta hace un año ha estado viviendo y comiendo en la calle. “solía entrar en el super y compraba el pan y cuando no tenía dinero, tenía que robar el embutido”. Ahora come en los comedores sociales y se aloja en el albergue Lagun Artean para pasar la noche. Lleva 14 años sin consumir ningún tipo de droga. “Estuve en un centro en el que los psiquiatras me suministraban metadona, pero ya he conseguido dejarla”. En el albergue en el que se encuentra ahora, dice llevarse bien con todo el mundo, que no tiene ningún problema. A él le hubiera gustado entrar en un piso de los que ofrece la diputación, pero está claro que de dormir en un carton a dormir en la cama de un albergue hay una gran diferencia.
"Me encontre muerto a mi vecino de puente"
En la calle existen diferentes situaciones en lo que se refiere a la razón de llegar a ser un sin techo.Según un estudio entre las tasas de diferentes situaciones de alcoholismo entre las PSH del 23% al 48,4%, y de trastornos psicológicos o psiquiátricos importantes que se situarían entre el 20% y el 52%.Las fracturas en las relaciones familiares y sociales suponen un tema esencial en este problema. Los vínculos familiares suelen ser una barrera de protección frente al riesgo de pobreza y exclusión social.En la calle te puedes encontrar gente que ha estado trabajando toda su vida y por diversos factores lo han perdido todo. Inmigrantes que huyeron de su país en busca de una vida mejor. Gente que con un tetrabrik de vino ya es feliz.
Antes de llegar a los escenarios de Bilbao, Aliou se recorrió medio mundo. Partió del sur de Senagal, su país natal. Estuvo trabajando en la construcción dos años para ahorrar un dinero con el que iniciar su aventura. Tras atravesar varios países africanos, llegó a Marruecos. Allí pagó 1.200 euros para poder llegar a España en patera. Antes de embarcar, tenían que esperar el momento adecuado en un monte alejado de la civilización. Las costas marroquíes y españolas estaban muy vigiladas. La gente del negocio de las pateras, sobornan a policías que les indican en que momento hay un camino libre. Estuvo seis meses viviendo en la montaña junto a 100 personas. No se les permitía llevar móviles, ya que la policía puede captar la frecuencia. Les suministraban alimento de vez en cuando. “Nos traían comida, pero a veces estábamos más de una semana sin comer. Hacía un frío que flipas”.
Una vez embarcados, la Guardia Civil les interceptó a 8km de la costa malagueña. Estuvo tres días en un calabozo antes de ser llevados a un centro de inmigración en Tarifa. Aliou tuvo que mentir sobre su lugar de procedencia. Según la ley no se puede deportar a personas que su país está en guerra. “Les dije que era de Guinea Conakry, mentí para sobrevivir.” Estuvo un mes en el centro, hasta que un asesor les mandaba a diferentes partes de España. Le mandaron a Zaragoza donde se alojó en un albergue hasta que un amigo le llamo desde Bilbao, y le invito. Una vez en Bilbao se instaló en una fábrica abandonada. Gracias a sus habilidades en la construcción, consiguió hacer de ese lugar hogar habitable. Estuvo algún tiempo haciendo “chapuzas”. Pero le era muy difícil encontrar trabajo al no tener papeles. Cuando necesitaba dinero tocaba su vieja guitarra en las plazas de la ciudad. Aunque ahora está rota y está reuniendo dinero para repararla. A pesar de que la use para conseguir algo de dinero, para Aliou la música es una pasión y no una profesión. Lo que más le gusta es tocar reagge con su grupo. Con el que ha tocado en varias fiestas y bares. Aliou estuvo un tiempo viviendo en el albergue. Pero el tener que entrar a las 10 de la noche le resultaba difícil y por eso prefiere dormir en su fábrica e ir a cenar al albergue.
Para Aliou la manera más fácil de conseguir los papeles y poder vivir de manera estable sería casarse. Sin embargo su filosofía no se lo permite. “no me veo viviendo con una mujer hasta el final de mis días, mi filosofía no me permite estar atado, quiero ser libre, no tener que depender de nadie”. Si Aliou estuviera comprometido con una mujer, no podría realizar sur vida, se sentiría atado, como si de un perro se tratase.